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Las Hermanas Foxx  


nemesisdanilo
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(@nemesisdanilo)
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Unos extraños golpeteos en casa de la familia Fox causaron sensación en los Estados Unidos; muchas personas los consideraron como la prueba de la comunicación entre vivos y muertos.

Lo que le sucedió a Margaretta Fox y a sus hermanas, si las apariencias no engañaban, fue el acontecimiento más importante de la historia de la humanidad. Una prueba concluyente de que podemos comunicarnos con los espíritus de los muertos –lo que presupone que los muertos existen en forma de espíritus con los que es posible la comunicación– significaría el fin de miles de años de especulación: se demostraría que la muerte no es el fin de la vida, sino el traslado de la existencia a otro plano superior. De ahora en adelante, nuestro paso por la Tierra podría ser considerado no como un breve incidente biológico sino como parte de un proceso mayor. Esto, y nada menos que esto, parecía quedar demostrado por lo que ocurrió en un pequeño chalet de madera en el pueblo de Hydesville, en él estado de Nueva York, el 31 de marzo de 1848. Esta «apertura» marcó el comienzo del movimiento espiritista moderno, cuyos adherentes alcanzarían posteriormente cifras millonarias en todo el mundo.

Los hermanos Fox eran siete, pero sólo tres participaron en los hechos: Leah, que tenía treinta y cuatro años en 1848, Margaretta, de catorce, y Catherine, de doce. El relato definitivo del incidente, que hizo época, lo proporcionó la madre cuatro días después en una declaración jurada, y ratificada como exacta por su marido. Contó que la casa donde vivían provisionalmente había padecido temblores inexplicables en las paredes y muebles, ruidos de pasos y golpes en las paredes y puertas. La familia llegó «a la conclusión de que la casa debía albergar a algún espíritu inquieto y desgraciado».
Para la familia Fox, en aquel momento, se trataba de la presencia de un fantasma. A lo largo de la historia se han dado miles de relatos en que los muertos vuelven a la Tierra para transmitir mensajes o advertencias a los vivos, pero en este caso aparecía un nuevo elemento: una conversación entre vivos y muertos. Posteriormente una historiadora del movimiento espiritista, Emma Hardinge Britten, observó que eso significaba que no sólo el buhonero supuestamente asesinado, sino legiones de espíritus, buenos y malos, encumbrados e inferiores, podían comunicarse con la Tierra en ciertas condiciones incomprensibles para los mortales; que esas comunicaciones eran producidas por medio de las fuerzas del magnetismo espiritual y humano, en una afinidad química; que las variedades del magnetismo de diferentes individuos proporcionaban «poder mediúmnico» a unos y se las negaban a otros.

Al principio nadie entendió esas sutilezas, pero estaba claro que las hermanas Fox, de alguna manera, estaban dotadas para recibir esas comunicaciones: los golpeteos sólo se presentaban en su presencia y, además, ocurrían dondequiera que fueran ellas. Como sus vidas habían sido trastornadas por la publicidad, las niñas y su madre se marcharon de Hydesville y se instalaron en casa de la hermana mayor, Leah, en Rochester, pero los golpeteos viajaron con ellas. Una y otra vez los mensajes insistían: «Habéis sido elegidas para comparecer ante el mundo y convencer a los escépticos de la gran verdad de la inmortalidad.»

Si ese mensaje hubiese llegado, un buen día a unas escolares jóvenes e ignorantes de un distrito rural, podría haber supuesto una prueba convincente de que seres en otro plano de existencia trataban de comunicarse con nosotros en la Tierra. Pero la situación no era tan simple, ya que esas ideas eran corrientes en los Estados Unidos durante los años 1840.

En el siglo anterior hubo gente que consideró el recién descubierto mesmerismo no como un estado mental alterado que podía ser explicado en términos humanos, sino como un proceso previsto para permitir la comunicación con los espíritus. La controversia continúa. Dos años antes de los acontecimientos de Hydesville, un comentarista anotó que «periódicos y revistas rebosan de mordaces discusiones en torno al magnetismo y la clarividencia».

Ese comentarista era Andrew Jackson Davis, un místico norteamericano semianalfabeto que, en estado de trance, producía libro tras libro de sorprendentes revelaciones acerca de la vida, del Universo, de cualquier cosa. El hecho de que sus relatos estén plagados de errores no favorece su credibilidad, pero en su época muchos aceptaron sus predicciones acerca de una nueva era:

Es verdad que los espíritus se comunican entre sí mientras uno está en el cuerpo y el otro en una esfera más elevada, y eso también cuando la persona que está en el cuerpo no es consciente del influjo, y por lo tanto no puede ser convencida del hecho; y esta verdad seguirá presentándose en forma de demostración viva y el mundo saludará con deleite la llegada de esa era en que el interior de los hombres se abrirá y se establecerá una comunicación intelectual, como la que ahora poseen los habitantes de Marte, Júpiter y Saturno.

Cansada por las molestias, la familia se acostó temprano la noche del viernes 31 de marzo. Margaretta y Catherine –las únicas que vivían aún con sus padres– sentían miedo de los ruidos y se habían instalado en la habitación de sus padres. Sin duda, fue la presencia tranquilizadora de su padre y su madre lo que animó a las chicas a responder con tanto descaro cuando comenzaron los golpeteos.

Las niñas oyeron los golpes y trataron de hacer un ruido parecido, chasqueando los dedos. Mi hija menor, Cathie, dijo: «Señor Slipfoot, ¡haga como yo!», golpeando las manos. El sonido dio inmediatamente la misma cantidad de golpes. Cuando ella se detuvo, el sonido cesó un rato. Entonces Margaretta dijo, en broma: «No; haga como yo. Cuente uno, dos, tres, cuatro», golpeando las manos al mismo tiempo, y los golpeteos volvieron como antes. Tuvo miedo de repetirlo...

De esto pasaron gradualmente a comunicaciones más elaboradas, usando un código alfabético por medio del cual se descubrió que los golpes eran obra de un espíritu; finalmente, la entidad se identificó como un buhonero de treinta y un años que afirmaba haber sido asesinado en esa misma casa y cuyos restos estaban enterrados en el sótano.

Acudieron vecinos a verificar lo que ocurría; ellos también escucharon los golpes, hicieron sus propias preguntas y recibieron respuestas. Al día siguiente llegaron más visitantes y por la noche, a petición del espíritu, algunos hombres se pusieron a excavar en el sótano, para ver si podían comprobar la historia; desgraciadamente el pozo se llenó de agua y hubo que abandonar el intento.

CONTINUARA........

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